Adiós al referéndum revocatorio

El régimen, al fin, ha puesto sus verdaderas cartas sobre la mesa. Fue la forma más sencilla, directa y brutal de recordarnos que las revoluciones no se cuentan en las urnas electorales si en ellas pueda ocultarse alguna sorpresa ingrata, como la que se produjo por descuido de los estrategas del chavismo el pasado 6 de diciembre. Fue por esta razón elemental, no por “culillo”, como algunos dirigentes opositores repiten con insistencia infantil, que el régimen informó que no habrá referéndum revocatorio hasta febrero o marzo del año que viene.

¿Después? Según la insinuación de Jorge Rodríguez el pasado jueves, una vez garantizada de este retorcido modo la espuria continuidad del régimen, el desenlace de la historia lo decidirá en su momento el Alto Mando Civil y Militar de la Revolución, de acuerdo con la conveniencia de dejar a Nicolás Maduro en la Presidencia de la República o no. En teoría, una solución válida hasta el año 2019.

Este crudo anuncio del sombrío porvenir nacional fue divulgado al caer la noche del miércoles pasado mediante un escueto comunicado del CNE. Pésima noticia para millones de venezolanos ilusionados con la esperanza de salir de la miseria física y espiritual de estos últimos 17 años a muy corto plazo, y además hacerlo constitucional y pacíficamente, a punta exclusiva de votos y cacerolazos, sin máscaras ni piedras.

Sin duda, pésima noticia también para muchos dirigentes políticos de la oposición, que habían depositado todos sus ahorros políticos en las cuentas del diálogo tramposo promovido por José Luis Rodríguez Zapatero y compañía o en la de un impracticable referéndum revocatorio. Ahora, muertos ambos mecanismos por la voluntad totalitaria del régimen, despojados así de argumentos dialécticos para continuar alimentando lo que ellos llaman la “lucha” por cambiar de gobierno, estos dirigentes tendrán que emprender desde hoy mismo una penosa travesía del desierto, probablemente en la mayor de las soledades.

La primera estación de este calvario será la obligación que tienen de responder la más básica de las preguntas. ¿Qué hacer, caballeros? ¿Cómo enfrentar electoralmente este nuevo desafío de un régimen que no es democrático ni valora la experiencia electoral con la misma vara que emplea la oposición para medirla? ¿Y cuál sería el camino a seguir a partir de hoy, lunes 26 de septiembre, fecha fijada por Jesús Torrealba para anunciar lo que debió ser anunciado la misma noche del miércoles?

Comencemos por decir que la única novedad que encierra el desolador anuncio del CNE ha sido despojar el discurso oficial de adornos, alusiones y disimulos, y emplear un lenguaje directo para anunciar, así como así, que el revocatorio no se realizará antes de mediados del primer trimestre del próximo año. ¿No había ni siquiera previsto la MUD una decisión semejante? ¿No creía, a pesar de que para nadie en su sano juicio era un secreto, que esta vez el régimen tensaría la cuerda de la legalidad todo lo que hiciera falta para impedir la realización del referéndum? Hace dos semanas, en este mismo espacio, con el título “Hacia el revocatorio en 2017”, advertía yo de lo que se nos venía encima. Y no fui yo precisamente el único en denunciar la maniobra puesta en marcha por Miraflores para cerrar la salida electoral de la crisis. Solo fui una voz más del montón. Entonces, ¿por qué tantas dudas y tanta demora para anunciar el camino a seguir a partir de este difícil instante?

En todo caso, hoy la MUD tiene la última palabra. No vale la pena enjuiciarla por sus acciones y omisiones pasadas, pero el país sí se merece que este decisivo lunes 26 de septiembre sus presuntos dirigentes estén a la exigente altura de la jornada cumplida el 1° de septiembre y anuncien una hoja de ruta, al margen de los cálculos personales y partidistas, suficientemente unitaria y contundente como para obligar al régimen a dar su brazo a torcer. De no hacerlo, la desesperación de un pueblo que no se resigna a aceptar como definitiva la devastada realidad de la Venezuela actual los apartará del camino y de la historia para siempre. Ustedes tienen la palabra, señores de la MUD.

 

ARMANDO DURÁN

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